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Estas aplicaciones para móviles están matando tu privacidad

Cuando nuestros teléfonos móviles se convierten en coladores

Algunas aplicaciones para teléfonos móviles se han convertido en herramientas esenciales para gestionar nuestra vida diaria. Sirven para hacer reservas de viajes, transferencias de dinero, compras en línea o interactuar en las redes sociales.

Prácticamente, hay una aplicación para todo y somos los primeros en reconocer que algunas de ellas se han vuelto imprescindibles.

Sin embargo, algunas piden permisos que no necesitan para hacer su trabajo.

¿Un absurdo e inútil repelente de mosquitos necesita acceder a tus contactos? ¿Para qué quiere un traductor de idiomas ver tus fotos?

Diferentes estudios recientes han revelado datos preocupantes sobre el comportamiento de algunas aplicaciones con respecto a la recopilación y el uso de datos personales.

Hemos usado esos estudios como referencia para bucear en los términos de servicio y políticas de privacidad de las aplicaciones más populares.

Para no convertir esto en una lectura tediosa nos limitaremos a hacer un resumen del panorama.

Por lo que hemos podido ver, la información extraída de los usuarios no solo es almacenada por los desarrolladores de las aplicaciones para su uso interno.

También se comparte con terceros, para potenciar las distintas redes publicitarias, y los algoritmos de recomendación.

Curiosamente, muchas de estas compañías se retroalimentan cruzando los datos de sus clientes entre ellas, lo que lleva a las personas a perder el control sobre su información personal.

Algo parecido a prestar un libro a alguien de Barcelona y que esta persona se lo preste a otra y esta otra a su vecina, y la vecina a una amiga, hasta que el puto libro acaba en manos de un Inuit de las regiones árticas de América del Norte

En cualquier caso, lo que más nos sorprende no es la cantidad de datos succionados. El negocio ya viene de antiguo.

Por ejemplo:

  • Ubicación (exacta o aproximada).
  • Contactos del teléfono.
  • Archivos y contenido multimedia.
  • Hábitos de navegación.
  • Información sensible como tarjetas de crédito y direcciones de facturación.
  • Datos sobre la salud y el estado físico.
  • Orientación sexual, creencias religiosas e ideas políticas. 

Tampoco el tratamiento que se les da. La compraventa y las  fugas masivas de datos a las que nos tienen acostumbrados algunas empresas se han convertido en todo un clásico.

Lo que nos ha dejado descolocados es la opacidad total que rodea estas prácticas.

Las condiciones de uso son deliberadamente intrincadas y muchas políticas de privacidad incomprensibles. Parecen escritas en sumerio.

En consecuencia los usuarios quedan atrapados en un sistema donde el consentimiento informado brilla por su ausencia.

¿Reglamento General de Protección de Datos?

Las empresas que desarrollan aplicaciones para móviles deberían limitar la recopilación de datos a lo estrictamente necesario y cumplir con las leyes de cada país como hacemos el resto de mortales.

Pero la triste realidad es que muchas aplicaciones procedentes de grandes compañías tecnológicas y con una base de usuarios inmensa siguen violando alegremente el Reglamento General de Protección de Datos (GDPR).

Como mucho les imponen una sanción económica. Después la noticia aparece en los titulares de la prensa a bombo y platillo.

Pero a las grandes empresas tecnológicas les sale a cuenta pagar muy de vez en cuando este «peaje». Para ellos es chocolate del loro.

Por ejemplo:

Meta cerró el ejercicio 2025 con unos ingresos anuales superiores a los 200.000 millones de dólares.

La multa más significativa impuesta a Meta bajo el RGPD  fue de 1.200 millones de euros en mayo de 2023.

Haced vosotros las cuentas.

Conclusión

En un mundo ideal, los usuarios deberíamos poder exigir transparencia, rechazar el abuso y apoyar iniciativas que coloquen la privacidad en el corazón de la tecnología.

Pero la realidad es que si queremos utilizar ciertas aplicaciones tenemos que tragar con sus infames atributos.

En palabras de Jean-Jacques Rousseau: «hago un trato contigo enteramente a tu costa, y enteramente para mi beneficio, que observaré mientras me plazca, y que observarás mientras me plazca».

Según el estudio las aplicaciones más perniciosas para la privacidad son:
  • El famoso cuarteto de Meta: Facebook, Instagram, Messenger y Threads.
  • Todas las aplicaciones propiedad de Google (excepto Gmail).
  • Plataformas de comercio electrónico de bajo coste como Temu, Shein o Alibaba.
  • Candy Crush Saga y Roblox, así como la aplicación de aprendizaje de idiomas Duolingo.
  • Aplicaciones de citas como Bumble y Tinder.
  • PayPal y WhatsApp Business.

¿Debería borrar estas aplicaciones?

Sin duda, la mejor manera de evitar que las empresas vampiricen nuestros datos es desinstalar estas aplicaciones  y buscar alternativas un poco menos invasivas.

Haberlas haylas. Por ejemplo Pixelfed, Mastodon o Nerimity.

Pero entendemos que para algunas personas prescindir de Facebook o Instagram de un día para otro puede ser un problema.

Sobre todo porque tendrían que convencer a amigos y familiares para que hiciesen lo mismo o no podrían interactuar.

Aunque siempre hay opciones: en vez de descargar las aplicaciones en el dispositivo móvil, se pueden utilizar mediante un navegador web.